Sunday, April 22, 2012

Barça-Madrid

Veure partits de futbol de la lliga espanyola aquí a Sydney és bastant complicat. Perquè o t'has d'aixecar a les 5 del matí o aguantes com un valent tota la nit per després veure el partit. Pel Barça-Madrid vaig fer la 2a opció. Fins i tot vaig aconseguir mobilitzar als meus amics asiàtics i un madrileny per veure el partit junts en un bar famós de la ciutat.

S'ha de matitzar que aguantar fins a les 4 del matí (l'hora que començava el partit) amb l'estil de vida australià no és moco de pavo. A les 20:00 ja havíem sopat i a les 22:30 ja haviem d'acompanyar a un japonés en estat comatoso a casa seva. A les 11:30 arribàvem al primer pub, al qual li seguirien un parell més per tal de tenir motivats als menys futboleros. En fi, que a les 4:00 del matí, de les 15 persones del principi, només vam arribar 5 al bar. 

Cheers Bar
El bar estava a rebentar, i d'espanyols que és el que més em va sorprendre. Les samarretes culés estaven per tot arreu, però a mesura que avançava el partit els madridistes es van anar destapant. Quan abans de començar el partit podies escoltar-l'hos autoconsolant-se al lavabo dient que "bueno, aún estamos a un punto si perdemos". 

En fi, el més dur de la nit va ser arribar a les 7 del matí a casa després d'una hora caminant des del bar perquè era diumenge i no hi havia busos. Però bueno, vaig arribar a casa amb el cap ben alt, perquè tot i haver perdut, he fet un record personal aquí a Sydney al superar la barrera del sueño que em feia tornar a casa a les 2 de la matinada. 




Wednesday, April 18, 2012

Viaje a Melbourne


Siento no haber podido publicar antes, pero entre vida social, universidad y antiguo trabajo (sí, renuncié para poder irme a Melbourne y que por lo poco que ganaba no valía la pena) no he tenido tiempo.

Pues bien, salimos de Sydney un grupo de 7 personas: un japonés, un francés, un mexicano, un chino-neozelandés, un cantonés, un coreano y yo. Llegamos a Melbourne después de 12h de autobús. Al llegar sin haber reservado en ningún albergue nos tuvimos que contentar con meternos todos en un apartamento de solo 4 camas. Aunque con el lujo de no tener que compartir habitación con desconocidos y el placer de poder cocinar y no comer sandwichs todos los días. Y todo por el mismo precio.

Los tres días siguientes los dedicamos a visitar la ciudad. Hay que decir que Melbourne no está mal, tiene muchos parques y jardines, edificios históricos, etc; pero después de haber estado viviendo en Sydney, no conseguí apreciar toda su belleza.

Las noches nos las pasamos en un famoso casino de la ciudad, The Crown, con el objetivo de conseguir dinero fácil jugando al blackjack. Pero mientras que en la primera noche todos los que jugaron ganaron algo de dinero (uno de mis compañeros de viaje ganó lo mismo que yo trabajando en el restaurante español durante 2 semanas), en la segunda y en la cual yo jugué, todos salimos perdiendo, pero con una sabia lección aprendida.

Viendo que ya no nos quedaba mucho por hacer en la ciudad, alquilamos dos coches y nos fuimos a Phillip Island. Una isla famosa porque cada atardecer anidan en la costa cantidad de pequeños pingüinos. Por el módico precio de 21$ y con la prohibición de hacer fotos, pudimos verlos correr hacia sus nidos.

Después de dormir en el coche, teniendo que ponernos toda la ropa de la mochila por el frío que hacía, ya que nadie pensó en traerse una manta o una chaqueta, nos fuimos a recorrer la Great Ocean Road. Una carretera a lo largo de la costa del estado de Victoria famosa por sus acantilados, rocas y playas. La verdad es que es la parte del viaje que me gustó más, ya que a parte de poder ver por primera vez canguros y koalas, los paisajes eran realmente preciosos.

Hay que añadir, que dormimos 2 noches más en el coche. Aunque esta vez nos indicaron que dormir en el coche estaba prohibido y que te podían multar con hasta 200$. Así que desarrollamos una técnica graciosa de en busca del lugar menos sospechoso y más oscuro donde poder aparcar.

Al cabo de 2 días recorriendo la costa, volvimos a Melbourne. Nos quedamos un día y medio más sin nada interesante que hacer. Así que como sabíamos que mucha gente de la universidad había ido también a Melbourne por Semana Santa, nos dedicamos a quedar con ellos para pasar el rato.

En fin, después de 8 días de viaje volvimos en autobús a Sydney. Con la satisfacción de haber hecho este viaje con una gente estupenda pero con la cartera más vacía. El próximo viaje me lo pago yo papás!